Dime cómo es tú salud y te diré cuánto te amas
Todos, en algún momento de
nuestras vidas, hemos padecido algún tipo de enfermedad, pero… ¿alguna vez te
has preguntado por qué nos enfermamos? ¿Por qué algunas personas sufren
enfermedades más graves que otras? ¿O por qué desarrollamos ciertas
enfermedades? ¿Tiene esto algo que ver con el autocuidado, el amor propio y la
autoestima? Hoy, te invito a reflexionar sobre ello.
Hoy en día, el concepto de amor
propio ha cobrado relevancia en nuestra sociedad. Muchos de mis pacientes,
cuando acuden a consulta, mencionan este término con frecuencia e incluso lo
consideran una de las razones fundamentales por las que buscan ayuda. Derivado
de la falta de amor hacia sí mismos, se han visto involucrados en situaciones
de vida que no son favorables y que impactan considerablemente en su salud.
Claro está que el hecho de acudir a terapia ya es un indicador de amor propio.
Sin embargo, en muchos casos, es solo el inicio de la restauración de una vida
que ha carecido de amor.
Es aquí donde hago una gran
pregunta… ¿Por qué esperar tanto para amarte? Una de las respuestas más
impactantes que me dio uno de mis pacientes fue: "Porque nadie me lo
enseñó". Esta respuesta me llevó a recordar mi infancia, cuando mi padre
siempre me decía: "Eres única y especial". Incluso recuerdo que
siempre me dedicaba una canción que, se llamaba “Angélica” de Ricardo Ceratto,
cuyo verso decía algo así como: "Tú tienes algo diferente a las demás,
eres bonita y natural, Angélica, tú eres el sol de América". Esta canción
siempre resuena en mi mente cuando algo no anda bien en mí, y recordar el amor
de mi padre me impulsa cada día a ser mejor, cuidar de mí misma y buscar mi bienestar
físico y emocional. También recuerdo que, desde pequeña, mi madre insistía en
que debíamos comer de todo y de manera saludable. Siempre se esmeraba en
nuestra alimentación, y hasta la fecha me sorprende con sus tacos de jamaica,
"muy saludables". Al pensar en esto, descubro el impacto que tienen
las enseñanzas de nuestros padres; pues, a través de ellos conocemos el
concepto de amor, autoestima y autocuidado. Afortunadamente, tuve la suerte de
crecer en un ambiente familiar en el que estos valores se me enseñaron tanto
con palabras como con acciones. Pero, ¿Qué sucede con las personas que crecen
en familias donde estos hábitos y enseñanzas no se promueven?
Te cuento que, en muchas de las
historias de vida que escucho en mi consultorio, mis pacientes no recibieron lo
principal como lo es el afecto y una buena alimentación y afecto; Al contrario,
les enseñaron a sufrir, a procrastinar, a no dar importancia a su bienestar y a
dejarse de lado. Y lo más sorprendente: los enseñaron a enfermarse como un
método para mitigar sus emociones. Impactante, ¿verdad?
Estar inmersa en el cuidado de la
salud mental, me ha llevado a darme cuenta de que somos lo que aprendimos de
nuestros padres y de nuestra sociedad. Vivimos en un mundo donde, muchas veces,
se prefiere cumplir con los estándares sociales sin importar el daño que eso
cause. Hace tiempo, un paciente del género masculino llegó a mi consulta y, a
pesar de que previamente le expliqué que todo es confidencial, temía que alguien
se enterara de que acudía a terapia. Al escuchar esto, le pregunté qué era lo
que pasaba. Él me comentó que, en su casa, era mal visto que alguien acudiera
al "loquero", pues en su concepto familiar solo había dos razones
para ir a terapia: estar loco o ser débil. Y vaya que se lo habían enseñado sus
padres. Al escuchar esto, me di cuenta de lo pobre que es nuestra cultura en
cuanto al amor propio y el autocuidado. Las personas que buscan su bienestar
emocional son duramente juzgadas. Por tal motivo, el cuidado de la salud y el
bienestar emocional se ha convertido en una lucha diaria para muchas personas.
Además de tener que trabajar en terapia las situaciones que los aquejan, deben
desarrollar herramientas para enfrentarse a un mundo que los señala por querer
ser sanos.
De acuerdo con Rice (2000), “la
autoestima de una persona es la consideración que tiene hacia sí misma”.
Partiendo de este concepto, podríamos pensar que una de las consideraciones más
importantes del ser humano hacia sí mismo es precisamente el cuidado de su
salud. Diversos estudios han demostrado que las personas con una autoestima
sana son proclives a amar, cuidar y respetar su cuerpo. Mantienen hábitos
saludables de alimentación, practican actividad física, tienen relaciones saludables,
aprenden a gestionar adecuadamente sus emociones y, lo más importante,
monitorean y atienden oportunamente su salud para garantizarse a sí mismos una
mejor calidad de vida.
Sin embargo, en nuestro país, por
cuestiones culturales, la mayoría de la población no posee un concepto claro de
autoestima y generalmente lo asocia con egocentrismo y superficialidad. Es
importante señalar que este concepto deberíamos aprenderlo desde los primeros
años de nuestra vida, con el amor y el cuidado de nuestros progenitores,
principalmente de nuestra madre. Sabemos que desde edades tempranas el ser
humano busca, por instinto, la supervivencia. La supervivencia en el útero
depende al 100% de nuestra madre. Si ella nos cuida, nos alimenta y nos
protege, tenemos una gran probabilidad de nacer sanos. Por ello, destaco que la
salud es una demostración de afecto. Entonces, ¿Qué pasa con aquellos hijos de
madres que durante el embarazo no cuidan su salud ni el bienestar de su bebé?
¿Qué les están mostrando a sus hijos cuando toman alcohol, fuman, no se
alimentan saludablemente y tienen hábitos poco saludables? Años después, la
gente se pregunta: ¿Por qué no se aman? ¿Por qué no se han cuidado como
deberían? ¿Por qué están enfermos? En este punto, creo que la respuesta es muy
sencilla, al menos para mí: "¿Cómo voy a amarme y cuidarme si mi madre no
me lo enseñó?".
En conclusión, destaco que
nuestra gestación, crianza y cultura tienen un papel crucial en el vínculo
entre el amor propio, la salud física y mental. Hoy en día, es de vital
importancia practicar el autocuidado y, sobre todo, explorar nuestras
experiencias pasadas, comprender nuestras heridas emocionales y aceptarnos
incondicionalmente. Esto nos permite ayudar a nuestro cuerpo a gestionar mejor
nuestras enfermedades, practicar hábitos de autocuidado y cultivar una relación
positiva con nosotros mismos. pues, al crear un ambiente interno de apoyo y
comprensión, estamos fortaleciendo nuestra salud a largo plazo.
Es importante entendernos como un
todo y no como partes separadas. No es mi corazón, mi estómago o mi cabeza;
todo en conjunto se llama cuerpo. Sé que varias de nuestras enfermedades son
orgánicas, pero otro gran porcentaje deriva de cuestiones emocionales no
sanadas. Por tal motivo, es importante cuidar lo que consumimos, y no solo me
refiero a la alimentación; sino a lo que escuchamos, lo que vemos, lo que
sentimos, hacemos y expresamos. De esta forma, seremos más conscientes de
nuestra salud y de la importancia que tiene el “amarnos” para nuestro bienestar
emocional.
Cuando estamos felices no nos
enfermamos, ya que la serotonina, dopamina, oxitocina y endorfinas funcionan
como un medicamento natural. Si vivimos en ambientes que nos perturban, somos
más propensos a enfermarnos. Por ello, es fundamental trabajar en nuestro amor
propio y autocuidado. Y si no sabes por dónde empezar, escucha música, baila,
abraza a alguien, disfruta una comida saludable, pasa tiempo en la naturaleza,
promueve relaciones saludables y sobre todo ámate, cuídate y pide ayuda.
“Obra sin publicar. Derechos de
autor 2025, Angélica Cerecedo Flores”.
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